sábado, 1 de agosto de 2009

La Iniciación vista como Evento Cósmico

Por Máximo E. Calderón

Luego de haber pasado por la Cámara de Reflexión, el aspirante a Iniciado se enfrenta por primera vez al simbolismo de la muerte, de la tumba, y la posibilidad latente de convertirse en un nuevo ser iluminado, o seguir eligiendo la oscuridad, las sombras.


Es el momento de tomar conciencia del mito de la caverna de Platón, y desde la oscuridad poder elegir si creer que las sombras conocidas son la verdad, o la luz desconocida, temida, recelada que hasta ese día se encuentra afuera; puede estar mostrando otra verdad. Una verdad distinta, profunda, perenne, amplia, inquietante, solo alcanzada por la imaginación limitada, que tienen los que viven dentro de la caverna.

En los Templos de Misterios del Antiguo Egipto, en un Rito llamado La Puerta de la Muerte, el candidato era atado a una cruz de madera y llevado a una cripta subterránea, en la que permanecía en trance durante tres días y medio. Durante ese intervalo, mientras su cuerpo físico permanecía inerte, el Ser espiritual encerrado en sus vehículos sutiles viajaba concientemente en el Mundo del Deseo o Mundo Astral, guiado por los hierofantes que lo tenían a su cargo.

Al principio el neófito se asustaba de los elementos, pero el Iniciador estaba presente para darle seguridad y ayuda.
Al surgir el cuarto día, se lo llevaba a una plataforma principal, donde los primeros rayos del Sol naciente lo despertaban de su sueño. Cuando se despertaba, se le daba “la Palabra” y se lo llamaba el “Primer Nacido”.

Una parte de este Rito se transmite en cada grado de Iniciación en la Masonería, y en el Tercer Grado se simboliza con la muerte y la resurrección de Hiram Abiff, el “Hijo de la Viuda”, el Gran Arquitecto del templo de Salomón y héroe de la leyenda masónica.

Uno de los mas destacados escritores de la masonería, el francés Jean Marie Ragón, nos dice que la leyenda de Hiram es una alegoría astronómica que representa al Sol desde el Solsticio de verano en adelante.
Dice Ragón: “Durante el verano el Sol hace emitir cantos de gratitud a todo lo que respira, y de ahí que Hiram que lo representa pueda dar la Palabra, es decir el verbo, la vida de todo. Entonces el Sol entra en los signos australes al decaer el equinoccio, la Naturaleza enmudece, e Hiram, el Sol, ya no puede dar mas la Palabra sagrada.
Allí se encuentra con los tres asesinos: los signos Zodiacales, Libra, Escorpio y Sagitario, por los que pasa el Sol en Octubre, Noviembre y Diciembre.
El primero lo golpea con la regla de 24 pulgadas que simboliza las 24 horas que tarda la Tierra en girar sobre su eje.
El segundo lo golpea con la escuadra de hierro, que simboliza las cuatro estaciones, y por último el golpe mortal lo da el tercer asesino con un mallete, el que siendo redondo, significa que el Sol ha completado su círculo y muere para dar lugar al Sol del año nuevo.
Los iniciados de los Templos de Egipto se llamaban “phree messen” que significa “hijos de la luz”, porque habían recibido la luz del conocimiento y esas palabras se transformaron luego en “Free-Mason” o “Franc Masón”.

Llegado a este punto, es bueno recordar que estas mitologías son originarias todas del hemisferio Norte, por ello la situación del Sol en los Signos Zodiacales que describe Jean Marie Ragón, es absolutamente opuesta en el hemisferio Sur, y donde se vive la muerte del Sol en el Norte, en los territorios australes se vive el renacimiento del Astro Rey.

En la Religión Judaica oímos hablar de un Dios que hizo ciertas promesas a un hombre llamado Abraham. Le prometió que haría la semilla de Abraham tan numerosa como las arenas del mar; y se nos dice como trató a Jacob, el nieto de Abraham.
Jacob estaba casado con 4 esposas, con las cuales tuvo 12 hijos y una hija.
A estos se los considera como los padres de la nación Judía.

Esa es también una alegoría astronómica referente a las migraciones de los cuerpos celestes, como se comprueba leyendo cuidadosamente el capítulo 49 del Génesis y el capítulo 33 del Deuteronomio, en los que las bendiciones de Jacob a sus hijos muestran que estos estaban identificados con los 12 signos del Zodíaco; Simón y Leví representaban al signo de Géminis, los gemelos, y el signo femenino Virgo, lo atribuía Jacob a su única hija Dinah.
Las cuatro esposas son las cuatro fases de la Luna y Jacob es el Sol.

Esto es análogo a las enseñanzas que encontramos entre los griegos, en los que Gaia, la Tierra, es la esposa de Apolo, el Sol.
Y entre los egipcios, en los que el Sol y la Luna estaban personificados por Osiris e Isis.
Flavio Josefo nos dice que los judíos llevaban los 12 signos del Zodíaco en sus banderas y que acampaban en torno del Tabernáculo, que tenía el candelero de siete brazos que representaba al Sol y a los cuerpos celestes, que giran dentro del círculo formado por los 12 signos del Zodíaco.

Los judíos situaban sus templos de tal forma que los lados apuntaran directamente al Norte, Este, Sur y Oeste, y al igual que todos los demás templos solares, la entrada principal estaba al Este, de manera que el Sol naciente iluminara su portal y fuera así el Heraldo de cada día anunciando la victoria de la Luz sobre las Tinieblas.
Un Heraldo que trae a la Humanidad naciente el mensaje de que la Luz y la Oscuridad antagónicas en el plano material, no son mas que la contraparte de un antagonismo similar en los mundos mental y moral, en los que el alma humana se abre paso y camino hacia la luz.

Cabe destacar aquí que hasta la misma Catedral de San Pedro en Roma, está construída mirando al Este, como todos los demás Templos Solares, hablando a la Humanidad de “la Gran luz del Mundo” que viene a disipar las tinieblas espirituales que aún nos rodean.
Volviendo ahora a los judíos, éstos saludaban al Sol con el sacrificio matinal y de la misma forma se despedían al ponerse el Sol, ofreciendo en su Sabbath un sacrificio adicional.
También lo adoraban con sacrificios en cada Luna nueva.

Sus dos grandes fiestas se celebraban en la Pascua Florida, ya que en la Pascua Israelita el Sol pasa por su Nodo Oriental, dejando el hemisferio Austral donde invernaba y comenzando su jornada hacia el Norte en su carro de fuego.
Victoreado con alegría por el hombre, como el Salvador que lo libraría del hambre y del frío, que inevitablemente se producirían si permaneciera siempre en su declinación austral.
La última fiesta de los judíos y la mas importante, es la Fiesta de los Tabernáculos, cuando el Sol cruza su Nodo occidental, en el Otoño, después de haber dado al hombre el “pan de la vida” con el que podía sustentar su ser material hasta la próxima vuelta del Sol a los cielos boreales.

Por las razones mencionadas, los seis signos que el Sol ocupa en el Invierno del hemisferio norte eran llamados siempre “el Egipto” o la “Tierra de los Filisteos”, un nombre que significaba algo malo para el “pueblo de Dios”.
Por otro lado cuando el Sol está en las estaciones fructíferas, en los seis signos zodiacales asociados a lo positivo, se decía estar en la “tierra prometida”, la que destila “leche y miel”.
Vemos ésto en pasajes tales como el que hay en la celebración de la Pascua de los israelitas, de la cual se dice es “para recordar la salida de Egipto”.
Esta fiesta no es mas que un regocijo por la vuelta del Sol de los signos australes, aludida también en el hecho de que Jacob estaba con su hijo José en Egipto, cuando murió.

En el Solsticio de Invierno (recordemos que hablamos del Hemisferio Norte), cuando el Sol del pasado año ha completado su jornada y alcanza el grado máximo de declinación austral se encuentra en el Signo Zodiacal de Sagitario.
Con referencia al Génesis 49:24 cuando Jacob agonizante habla del Arco de José, es fácil identificarlo con el Signo de Sagitario que está representado por un centauro al momento de lanzar una flecha, de suerte que la historia de Jacob muriendo en Egipto con José, se efectúa cada año cuando el Sol muere en el signo de Sagitario en el Solsticio de Invierno.

La historia de Sansón es otro aspecto del mismo mito solar, que tiene correlato directo con la Iniciación, con la muerte de Hiram Abiff y con otros héroes solares de las distintas culturas y Escuelas de Misterios.
Mientras el cabello de Sansón era largo y seguía creciendo, su fuerza aumentaba; Sansón es el Sol y sus cabellos son sus rayos.
Desde el Solsticio de Invierno Boreal, que se produce en Diciembre, hasta el Solsticio de Verano en Junio, los rayos solares caen cada vez mas perpendiculares a la Tierra y van creciendo y ganando fuerza cada día.
Esto aterroriza a los “poderes de las tinieblas”, los Filisteos, los meses Invernales, porque si ese dador de Luz continuara reinando, el dominio Filisteo desaparecería.
Entonces es que se complotan contra Sansón para descubrir en que consiste la clave de su fuerza. Se aseguran la cooperación de la mujer Dalilah que es el Signo de Virgo, y cuando Sansón el Sol, pasa a través de este signo en Septiembre se dice que dejó su cabeza en el seno de la mujer y le confió su secreto.
Entonces ella le corta los cabellos, porque es entonces cuando los rayos del Sol se debilitan. Allí vienen los Filisteos o meses invernales y se llevan al debilitado gigante a su prisión, que son los meses invernales en los cuales el Astro rey se mantiene en el Sur.
Una vez en prisión le sacan los ojos, o sea que le quitan la luz y lo llevan a su templo para someterlo a humillaciones e indignidades, creyendo haber vencido completamente al representante de la Luz.

Pero cuando sus fuerzas comenzaron a restablecerse, el Gigante Solar derrumba el templo de la Oscuridad y muere en el esfuerzo, sobreponiéndose a sus enemigos y dejando lugar al nuevo Sol que nacerá para salvar a la Humanidad del frío y el hambre.

La vida de todos los Salvadores míticos están fundadas sobre el pasaje del sol en torno del círculo Zodiacal, que describe las ordalías y los triunfos del Iniciado.
El hombre Sol que se reconoce como tal, muere para renacer, se hunde en la Oscuridad y renace con la Luz.

Los Salvadores han nacido todos de una virgen inmaculada, cuando la oscuridad era mayor entre la humanidad, así como el Sol de cada año nace, o comienza su jornada en la noche mas larga del año (entre el 21 y el 24 de Diciembre para el hemisferio Norte)

El cruce del Ecuador celeste, el momento en que el Sol ya salió de las tierras boreales y comenzó a transitar las australes, se produce bajo el signo de Virgo, la virgen que tres meses después dará a Luz un Salvador. Hablamos del mes de Septiembre.
Y la virgen permanece tan inmaculada como siempre, después de haber parido a su Hijo-Sol en Diciembre; de ahí que veamos a la diosa egipcia Isis sentada en una Luna creciente, nutriendo a su divino hijo Horus; a Astarté, la inmaculada Señora de Babilonia con su hijo Tammus y una corona de siete estrellas sobre su cabeza. La Mater Matuta en Roma, el Venerable Buda naciendo de la virgen Maya y Devaki en la India con su hijo Krishna.
También la misma Virgen María que dio a luz a Jesús bajo la estrella de Belén.
En todas partes se repite la misma historia: la madre inmaculada, el Hijo Divino y el Sol, la Luna y las estrellas.

La misma historia de nacimiento, que luego de una muerte terminará en resurrección como un Hijo de la Luz.
Según el Mito Solar, el bautismo del agua se produce cuando el Sol pasa por el signo de Acuario, el aguador, y cuando pasa por el signo de Piscis, en marzo, tenemos lo que en los antiguos Templos de Misterios se llamaba el “ayuno del Iniciado”.
En Piscis, el signo de los peces, que es el último de los signos australes, todos los almacenes del hemisferio Norte, otrora llenados por los dones del Sol del año anterior, están casi agotados y el alimento del hombre escasea.
El alimento de pescado de la cuaresma que tiene lugar en ese tiempo, es un vestigio que corrobora el origen solar de esos días de ayuno.
Veamos ahora entonces, el significado cósmico de la Crucifixión.
Cuando en el Equinoccio, el Sol “cruza el ecuador”; cuando el Astro mayor cruza por la intersección entre su órbita aparente y la línea del Ecuador celeste, es ese el preciso momento en que en Marzo, tiene lugar la crucifixión.

El Dios Solar comienza a dar su sangre y su vida como alimento a sus adoradores, madurando el trigo y las uvas, de lo que se hará luego el pan y el vino.
El Sol alcanza su máximo punto de declinación boreal en el Solsticio de Verano (entre el 21 y el 24 de Junio), y se sienta en el trono de su Padre, que es el Sol del año anterior.
Pero no puede quedarse allí mas de tres días, y entonces retorna hacia abajo, en dirección hacia el nodo occidental.

Cuando el Sol abandona su trono en el solsticio de Verano, los Masones trazamos una estrella de fuego y le ofrendamos los frutos de la tierra, en un saludo de despedida y a la vez en un intento simbólico de atar al Sol, de retenerlo con nosotros.
Cuando ese Solsticio se produce en el Hemisferio Norte, el Sol abandona su trono y pasa hacia el nodo occidental, para entrar en el Signo de Virgo a finales de Agosto.
Entonces y gracias a las directivas del Emperador Constantino, que unió el Culto al Sol Invictus, con el floreciente Cristianismo de su época, la feligresía Católica festeja la Asunción (en Agosto).

Un mes mas tarde al dejar el Sol el Signo de la Virgen, tiene lugar la Natividad de la Virgen (en Septiembre), cuando la Virgen nacería del Padre Cósmico Sol.

El Iniciado como hombre común o Profano, llevó a cabo siempre las mismas cosas, y cumplió siempre los mismos ciclos. Simplemente cuando sus ojos fueron abiertos y la venda le fue quitada, empezó a tomar conciencia del Funcionamiento Cósmico de este Universo Solar, y dio su primer paso para llegar a identificarse con el Sol exterior.

El momento en que el Iniciado comprenda, no solo con el intelecto que hace lugar a la teoría, sino con el conocimiento directo, que hace lugar a la experiencia, entonces verá nacer o renacer el Sol Interior.

El Aprendiz Masón solo trabaja de mediodía pleno a medianoche plena.
Las horas de luz le son nuevas y aún puede encandilarse por no tener habituados sus ojos a la luz del Sol.
Pero está transitando ya su nuevo camino, y está viendo la realidad por primera vez cara a cara, y no las sombras que veía antes dentro de su caverna de oscuridad e ignorancia.

Llegará el momento en que el Aprendiz volverá a la oscuridad, pero esta vez ya teniendo la experiencia de cómo se ven y se comportan las cosas en el campo de la Luz.
Será entonces el momento en que vuelva a reproducir el Suceso Cósmico de la muerte del Sol en su propio Sol Interior, para renacer ya como un Iluminador, como un dador de Luz.
Será ese el momento en que el estudiante, se convierta en Maestro y haya renacido como un nuevo Sol.

Cada Iniciación en cada Escuela de Misterios, repitió siempre en forma simbólica el Ciclo de la vida y la muerte del dador de la Luz y en consecuencia del mundo conocido.
Semejante y descomunal evento cósmico, tiene su correlato inconsciente en todas las personas, ya que como enseña la Ley de analogía, “Como es Arriba, es Abajo”, pero solo los Iniciados tienen conciencia de la Tremenda Influencia Estelar que se produce permanentemente en nuestras vidas.

Nos corresponde a los auténticos Masones, a los Hijos de la Viuda, a los Discípulos de Hiram, descendiente de Tubal Caín y de Caín mismo y de Samael, ser los paladines de la propagación de la Luz, cada uno de nosotros de acuerdo a nuestro conocimiento, y a nuestros grados y calidades.
Solo habría que decir... miremos, observemos, regresemos a la cámara de reflexiones y meditemos sobre los sucesos cósmicos aquí relatados, para hacer crecer el Sol Interior y poder convertirnos en dadores de la Luz, asumiéndonos como los “Phree messen” del Antiguo Egipto, como auténticos Hijos de la Luz que hacen Honor a su Progenitor.


**Información publicada el 20/07/08 por el autor de este Blog en http://elmason.blogspot.com/2006/05/los-masones-argentinos-y-su-proyeccin.html