jueves, 28 de noviembre de 2013

Historia de la Masonería I - Los comienzos

Por Máximo E. Calderón

Podemos decir abiertamente que la Masonería no es una leyenda o una ficción del imaginario popular, sino que es un fenómeno resultante de las más variadas fricciones entre distintos grupos humanos, en distintos momentos de a 
historia.Algunos buscaron la preponderancia social, otros se defendieron de la explotación y la tiranía, otros buscaron recrear antiguos ritos mitológicos, y otros simplemente se dejaron impulsar por la búsqueda de la verdad que hace libres a los hombres.

Carlomagno rey de los francos y emperador de Oriente en el siglo VIII, fundó su Imperio con la colaboración de los poderes religiosos y civiles. El muy prolongado contubernio entre estos dos poderes, feudalizó a la Iglesia, que adquirió entonces inmensos dominios territoriales.
El sacerdote se convertía en feudal y el señor feudal adquiría la dignidad eclesiástica para convertirse en dominadores completos. Existía muy poca diferencia entre el poder eclesiástico y el poder de los señores; pero el dominio de la Iglesia aumentaba porque ella representaba el poder espiritual.

La Iglesia establece entonces contribuciones obligatorias en forma de diezmos y adquiere el derecho de jurisdicción que consistía según Tomás de Aquino, en el privilegio del poder eclesiástico de enseñar, legislar, administrar y juzgar.
Valiéndose de su predominante situación política, económica y social, el clero despojaba paulatinamente a los señores feudales de sus señoríos y de sus privilegios nobiliarios y convertía a la Iglesia en el feudal de los feudales.
Las medidas que tomaba el clero a fin de estancar al mundo para consolidar el dominio perpetuo de la Iglesia, chocaban con la Ley eterna del progreso humano, y creaban la oposición y la rebeldía entre la gente afectada en sus intereses. Estos grupos aumentaban a medida que se recrudecía la persecución por el clero; los señores feudales arruinados que vivían para la guerra, se convertían muchas veces en asaltantes de caminos, saqueaban las Iglesias, se apoderaban de rebaños y granos de abadías y monasterios, y se sumaban a los enemigos de la Iglesia.
Los siervos fugados o emancipados y los masones perseguidos formaban comunas o villas, se fortificaban para defender su libertad y organizaban la vida urbana. El comercio y el artesanado tomaban un gran incremento.

El auge de la economía mercantil exigía el desarrollo de las ciencias experimentales. La burguesía naciente y los artesanos guiados por sus intereses se convertían en los enemigos más acérrimos de la Iglesia, que monopolizaba las ciencias y se oponía al progreso apoyándose en el régimen teológico-feudal.
Como consecuencia de esto nace en el siglo XI, la lucha entre los realistas y los nominalistas; éstos se colocaban en un campo de oposición a la Iglesia, en la misma época de la formación definitiva de la Escolástica, que luchaba entre el materialismo y el idealismo en el campo filosófico.

Las tendencias nominalistas son reforzadas con la penetración a Europa Occidental de la cultura árabe y judía a través de la Península Ibérica, que estuvo dominada por siglos por el Califato árabe.
Los árabes dieron a conocer las auténticas obras de los pensadores antiguos, principalmente Aristóteles. El filósofo más grande de la Edad Media fue el árabe Ibn Rosch Averroes (1126-1198), nacido en Córdoba.
Su doctrina se basa en el naturalismo de Aristóteles y enseña que la verdad religiosa puede no coincidir con la verdad filosófica y llega a conclusiones heréticas respecto a la eternidad y a la creación, a la inmortalidad de la materia, la unidad de Dios y el mundo, etc., conceptos muy combatidos posteriormente por Tomás de Aquino.
Como portadores de la cultura judía se consideran a Salomón ben Gabirol (Avicebrón de Málaga) y a Moisés ben Maimón (Maimónides), célebre filósofo, teólogo y médico judío, nacido también en Córdoba, considerado el Platón israelita.

Es difícil entender como la Masonería ha llegado hasta nuestros días, pero es más difícil entender como la Institución a veces ignora su propio origen, su naturaleza, su espíritu y hasta su objeto.
Basta recordar que luego del ajusticiamiento de Carlos I de Inglaterra y los sucesos producidos luego de la muerte de Oliverio Cromwell, se llegó a olvidar de tal modo el objeto primitivo de la Masonería que cada cual se creyó apto y con derecho para determinar su origen.
Mientras algunos grupos valoraban a los antiguos masones constructores de Inglaterra y se decían sus herederos, con al agregado de la filosofía; otros grupos negaban esa relación y mostraban un profundo desprecio por sus antecesores, los que en algún momento los habían “aceptado” entre sus filas, y les habían revelado sus secretos.
Estos últimos trataban de ocultar la forma en que se habían aprovechado de la buena fe de los masones operativos, para amoldar los gremios a su conveniencia y designios particulares.
Cuando los verdaderos obreros de la piedra, perdieron su antiguo poderío y respeto de la sociedad, ya no fueron útiles a sus intereses y los abandonaron a su suerte creando la Francmasonería de masones aceptados.

Algunos de los nuevos masones, atribuían su origen a los Colegios de Arquitectos romanos fundados por Numa Pompilio en el 715 A.C. Otros se remontaban a los egipcios, a los esenios, a los judíos, a la construcción del Templo de Salomón, a Zoroastro y hasta el mismo Adán en el Paraíso.
Según James Anderson, el compañero de Eva habría iniciado a sus hijos Caín y Abel en los misterios de la Geometría.
El mismo Olivier afirmó muy seriamente que la Masonería era anterior al mundo, que Moisés era su Gran Maestre y Josué su ministro.
Algunos otros creyeron ver en la leyenda de Hiram, las peripecias del último Gran Maestre Templario Jaques de Molay, y no faltaron quienes la asociaran a la Kabballah de los judíos, a la magia, la Teurgia, a los orígenes mismos del Cristianismo y hasta a algunas sectas gnósticas.
De este piélago de creencias e informaciones del más variado origen, nacieron los distintos grupos de la moderna Francmasonería, y su gran variedad de grados, sistemas y ritos.
Pero todo deviene del momento en que los masones “aceptados” le quitaron la Masonería a los masones “constructores”.

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domingo, 6 de octubre de 2013

Librepensamiento y nuevas herramientas de comunicación

Por Máximo E. Calderón

Exposición realizada en ocasión de celebrarse el VII Encuentro y Coloquio de CIMaS (Confederación Interamericana de Masonería Simbólica), realizado en la ciudad de Mendoza, el día 27 de septiembre de 2013
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Hace algunos días, en ocasión de celebrar el Día del Librepensamiento (20 de septiembre), escribí algo al respecto, y tuve que llegar a algunas definiciones para lo que realmente significa ser un librepensador.

Y observando este ambiente de libertades enfrentadas, de choque de valores que tenemos hoy en la Sociedad, me di cuenta que con el correr de los tiempos, y especialmente en la juventud, el concepto de librepensamiento se ha ido moviendo de lugar, y ahora vendría a significar algo así como poder expresar todo lo que se me ocurre, sin tener tapujos en desafiar a nadie, o gritarle en la cara a quien quiero, las cosas que se me ocurren pensar.  
Aclaro que ese concepto de libre pensamiento se está arraigando especialmente en los jóvenes, porque quiero diferenciar el concepto social, del concepto estrictamente masónico.

Casi podríamos decir que la Sociedad de hoy, considera que ser contestatario, o ser rebelde, es lo mismo que ser un librepensador, sin caer en cuenta que para ciertos sectores, está de moda, o queda bien visto eso de “ser un rebelde”, con lo que la supuesta rebeldía no sería más que otra de las tantas caídas en el SE, que mencionaba Martin Heidegger.    
Usar lo que "se" usa, decir lo que "se" dice… pensar lo que "se" piensa.



Ser un librepensador, no significa la libertad vacía de pensar cualquier estupidez, y de divagar con la mente hacia ningún objetivo.      
Ser un librepensador, significa comprender el proceso de transformación del pensamiento en acto. Ese delicado paso de las ideas del mundo inteligible al mundo sensible. La pureza del pensamiento elaborado por uno mismo, que ante la imposibilidad cierta de liberarse de las influencia externas, de las influencias históricas, va a elaborarse en un crisol propio, para tomar cuerpo finalmente en ideas personales, que van a estar basadas en la propia filosofía de cada hombre.
Para un librepensador, toda influencia religiosa, política, dogmática, institucional, social, consuetudinaria, o activista, debe ser solo una anécdota que nutre el pensamiento a formarse, pero que de ninguna forma puede ser el origen o la razón de las decisiones a tomar.
Si aquel augusto librepensador llamado Giuseppe Garibaldi se enfrentó a las tropas del Papa en el Siglo XIX, el moderno librepensador ya no se enfrenta ni al Papado, ni a la Santa Inquisición, ni siquiera a los decadentes poderes de la actual Iglesia Católica.
El moderno librepensador se enfrenta a las opiniones mediáticas, a la influencia de la cultura, a la influencia de la moda, a la propaganda política, a la tecnología que se desborda en todas partes sin un control a la vista, y fundamentalmente a la falta de valores, que desde nuestras propias familias debemos esforzarnos en sembrar.
Y voy a confesar que de los dos temas propuestos para este foro, en un principio había elegido hablar sobre el tema masónico: “la búsqueda de la verdad para el masón del Siglo XXI”.         
Pero me acordé de Heidegger – otra vez – y recordé que Heidegger decía, que el problema de la filosofía no es la verdad, sino el lenguaje. Entonces elegí el tema social…


Y elegí el tema social, porque me interesa analizar las nuevas formas de uso del lenguaje que estamos teniendo en esta Sociedad.    
Voy a referirme en forma específica, a un tipo de uso del lenguaje, que es el uso a través de las nuevas herramientas de la tecnología, y puntualmente la tecnología electrónica, por lo que voy a referirme a los celulares, y a las computadoras.
Hace pocos días, veía en una red social, un dibujo… aparentemente humorístico, en el que se veía a una persona que se estaba ahogando, y unas cuatro o cinco personas en la costa, que estaban filmando y sacando fotos con los celulares.                 
Y la leyenda decía: “Estamos en la era de los teléfonos inteligentes y la gente estúpida”…


Y me quedé impactado… “la era de los teléfonos inteligentes y la gente estúpida”…
Y todos tenemos, quien más quien menos, todos usamos o hemos usado un teléfono celular más o menos inteligente…
Pero que está pasando con la comunicación? Que está pasando con el mensaje? Que está pasando con el lenguaje? 
Los niños en la escuela no se dirigen la palabra en todo el día, y después se pasan dos horas o tres horas chateando y mandándose mensajes, tanto sea por teléfono, por MSN, por facebook, o por whatsapp. Hasta se ha generado ahora una nueva patología, que es el "Síndrome de la cabeza gacha".         
Estamos en una reunión, y todos están mandando mensajitos, o revisando su cuenta. Están más metidos en el celular que en la situación que están viviendo.
Y la comunicación… el lenguaje está en problemas.     

     
Esa mente maravillosa que fue Ferdinand de Saussure – el padre de la lingüística – enseñó que existe un significado y un significante, que existe un signo y que existe un símbolo.
Y aprendimos después una Teoría de la comunicación, en la cual había un Emisor, un Receptor, un Mensaje, y un Canal, por donde va a transmitirse ese mensaje.
Pero fue recién con el avance del Siglo XX, cuando se le empezó a dar importancia al lenguaje corporal, a la comunicación no verbal, al paralenguaje y al metalenguaje.
Hoy sabemos que en una comunicación humana, si dos personas están frente a frente, el mensaje que se transmite no es solo el texto.         
El 50% del mensaje lo transmitimos por lenguaje corporal  (que sería un metalenguaje)
El 45% del mensaje se lo damos en la inflexión, en la carga emocional que le ponemos (eso sería un paralenguaje).         
Y solo el 5% del mensaje es el texto…!!!   

Solo el 5% del mensaje en una comunicación, está transmitido a través del texto de lo que estamos diciendo. 
O sea que cada vez que escribimos en facebook, cada vez que mandamos un SMS con el celular, estamos utilizando solamente el 5% de nuestra capacidad de comunicación.
Por esa razón, las personas que viven su vida en las redes sociales, que viven “conectadas” (como se dice ahora) todo el día, tienen cada vez más problemas para expresarse en público, para hablar antes sus amigos, ante sus parejas, ante sus hijos…           

Y esto que ya pasa a ser una forma de vida para muchas personas, hace que esta gente pierda la costumbre de utilizar la comunicación no verbal. Que pierda la costumbre de decir las cosas y apoyarse con sus gestos, o con el tono de su voz.
Ni que hablar de la ortografía… o la caligrafía que ya casi no existe…
La comunicación electrónica, nos apoya y nos hace creer que ese breve fragmento del mensaje, es todo el mensaje.        
Y si tenemos en cuenta que los jóvenes – y muchos no tan jóvenes – han dejado de utilizar esos signos escritos que se llamaban: exclamación… signos de admiración… signos de pregunta… Ya nadie utiliza los signos de puntuación...!!!        
Y ahora se utilizan "emoticones"… ahora ponemos caritas en los mensajes para expresar si dijimos un chiste, si estamos enojados, si tomamos en broma algo que dijimos…
Hasta ese toque delicado, que por lo menos permitía un leve acercamiento a la declamación oral, ahora está desapareciendo en los mensajes electrónicos.
Pero eso no es lo más grave. Lo más grave de todo no es ni la ortografía, ni los signos de admiración, ni el lenguaje corporal… ni nada de eso. 
Lo más grave es la disociación de las ideas, del pensamiento expresado… con la expresión del propio cuerpo.
     
Dice una famosa psicóloga chilena, que si en un mensaje de texto ponemos por ejemplo: “Te voy a matar”, posiblemente estamos pensando en eso… pero si terminamos una frase con un "jajaja", no nos estamos riendo a carcajadas mientras lo escribimos, y a lo mejor ni siquiera hemos hecho un mínimo gesto con la cara…      
Y esa disociación… es una disociación psicótica.    
Entonces – y volviendo al tema de los librepensadores – hoy tenemos a librepensadores de escritorio, o peor (los peores son los que están más modernizados), aquellos que proclaman sus ideas desde detrás de un teclado y una pantalla.            
Y definitivamente son muy rebeldes y valientes apoyando a Greepeace, o luchando contra el maltrato animal, o peleando contra la trata de personas, o ayudando a los impalas en el Serengheti.

Pero como hacemos los masones para aggiornarnos?  para adecuarnos?  para actuar con propiedad frente a este nuevo paradigma del lenguaje?       
Como hacemos para ser librepensadores, y no quedarnos en el intento de solo escribir cosas en las redes sociales?  O muy allá a lo lejos, dar una instrucción en logia sobre este tema?       
Como hacemos para no caer en una disociación psicótica de nuestro lenguaje, y enseñar a nuestros Hermanos, y a nuestros hijos el camino de una comunicación eficiente?

Yo sostengo con absoluta convicción, que el masón debe ser capaz de expresarse con claridad. Y es tarea entonces de todo masón, cada vez que va a expresarse, ya sea en vivo y en directo o a través de un soporte electrónico… debe expresarse con propiedad.
Toda acción que sea emprendida con propiedad, debe forzosamente partir de tres raíces, que la hacen ser definitivamente lo que es y no otra cosa. Esas tres raíces que son la razón suficiente del actuar con propiedad, son la raíz adecuada, la raíz conveniente, y la raíz oportuna.

Si una acción o expresión, solo reúne una o dos de estas raíces, puede por ejemplo ser adecuada, y ser oportuna, pero si no es conveniente, jamás llegará a ser apropiada. La acción apropiada ocurre, sí y solo sí concurren las tres raíces sin faltar absolutamente ninguna.

¿Y como entonces podemos movernos en el mundo de las comunicaciones electrónicas, y no caer en las acciones inapropiadas que destruyen el mensaje y perturban la correcta comunicación?. Pues utilizando la voluntad, forzando y direccionando la voluntad en orden a un fin, extremando la atención a la hora de comunicarnos, y no mezquinando la riqueza idiomática y sintáctica que ofrece el idioma en el que nos movemos.
No podemos negarnos ni rebelarnos en contra de una realidad comunicacional que llegó para quedarse, pero podemos optimizar la comunicación, podemos mejorarla, explotarla, y que de verdad sea una de las tantas herramientas con las que se moverá un masón.

Como serán de importantes las palabras en el simbolismo masónico, que a un recipiendario recién iniciado en nuestros misterios, ya se le entrega una palabra secreta, y una forma muy particular de comunicarla. Y ese es solo el comienzo del camino en el Templo.


Aquí mi propuesta entonces, para salir airosos como librepensadores, y predicar con el ejemplo entre nuestros Hermanos y en la Sociedad que nos toca vivir.
Usando el mazo de la fuerza de voluntad, y el cincel de la inteligencia, vamos a modelar el moderno librepensador del Siglo XXI.  Está en nosotros que triunfemos en este cometido, o que quizá desaparezcamos detrás de alguno de los tantos falsos mesías, que nos esperan pacientemente a la vuelta de cada esquina.
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lunes, 24 de junio de 2013

Mano a mano con un masón

Nota periodística que reproduce extractos de una de mis conferencias brindadas en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), con motivo de la Semana Masónica en Buenos Aires.
Entre los días 10 y 15 de junio de 2013, se realizaron conferencias, visitas a monumentos masónicos históricos, homenajes a masones relevantes de la historia, actividades estrictamente fraternales, el estreno de la obra teatral "El maestro masón", y esta conferencia individual, realizada el día 12 de junio.

La Gran Logia Simbólica Argentina, se encargó difundir la verdad en muchos aspectos históricos y actuales de la Masonería, derrumbando mitos inútiles a la vez que difundiendo los verdaderos valores, que sostiene y promulga la Sociedad Fraterna más antigua de la historia.
17/06/2013

Mano a mano con un masón

La Logia Simbólica Argentina ofreció distintas actividades en la Ciudad y el Gran Maestre Máximo Calderón derrumbó mitos de esta hermética organización.La Gran Logia Simbólica Argentina ofreció en la semana del 10 al 14 de junio una serie de charlas y actividades destinadas a informar sobre la historia y presente de la masonería, una de las sociedades más antiguas del mundo, sobre la cual circulan un sinfín de mitos, leyendas y exageraciones, aunque también verdades.

Durante la conferencia brindada el 12 de junio por el Gran Maestre Máximo Calderón, se profundizó en el origen de la organización, tanto mundialmente como en Argentina, se derrumbaron varios mitos sobre la misma y se intentó explicar qué significa ser masón.

Alto, con fuerte acento cordobés y de modales educados y amables pero sin caer en el excesivo protocolo, Calderón intento disipar, de una forma amena y coloquial, las sombras que surgen en torno a esta cadena fraterna.

“Siempre escuchamos hablar de la historia, los integrantes ilustres, y los principios de libertad, igualdad y fraternidad, pero nadie dice qué es la masonería exactamente”, comenzó Calderón. “Eso es lo verdaderamente difícil de transmitir. Algunos dicen que sólo estando dentro de la masonería se puede llegar a entender, pero eso es un error. Algunos masones lo aprehenden y otros no lo entienden nunca”, agregó.

El Gran Maestre reconoció que “hay muchos mitos sobre la masonería, como que es una sociedad elitista o que por pertenecer a ella uno es importante, sólo por haber sido iniciado o tener un título grandilocuente”.

Estos títulos pomposos con los que se forma el escalafón masónico fue motivo de una explicación jocosa por parte del orador: “La masonería suele poner títulos muy grandilocuentes. Yo, por ejemplo, soy el Soberano Gran Comendador de la Argentina. Hay grados llamados ‘El Soberano Gran Conservador Guardián del Rito Príncipe de Memphis’. Son nombres que seguimos usando por tradición pero que no tienen ningún valor. Es más, pueden hacer que la persona que lo usa se agrande y lo haga creer algo que no es y así se termina envileciendo”. Para redondear esta idea, Calderón mencionó que “más de un 'Sublime Príncipe del Real Secreto', cuando sale de la Logia y llega a su casa, su mujer lo manda a lavar los platos”.

Los secretos parecen ser la regla principal dentro de estas logias, pero el Gran Maestre minimiza este hecho: “los masones tenemos ciertos signos, toques y palabras que son secretos de acuerdo al grado y ahí se terminó todo el misterio y hermetismo de la masonería. Lo verdaderamente poderoso de la organización es la fraternidad.  Si estamos peleando por un cargo no podemos ser ejemplo de nadie”.

La sociedad de los masones es tan antigua que no se sabe a ciencia cierta cuándo ni donde se originó. “Hay muchos mitos sobre el origen de la masonería. Se dice que el emperador romano Numa Pompilio la creó mediante el Colegio de Arquitectos de Roma, pero no se sabe si efectivamente siquiera existió Numa Pompilio”, sostuvo Calderón, y agregó que “otros dicen que nació en Egipto, de los antiguos faraones, o que los masones construyeron el Templo de Jerusalén, o que Adán era un iniciado masón y le enseñó a sus hijos Caín y Abel los principios de la geometría. Algunas de estas divagaciones van hasta la locura”.

Por lo pronto, se sabe al menos con bastante precisión el origen argentino de esta particular hermandad. La masonería argentina nació entre 1788 y 1790, según los registros históricos. La Logia Independencia fue la primera y, con el paso del tiempo, surgieron otras logias con influencias ‘lautarinas’, dado que se basaban en la Logia Lautaro. Todas ellas nacieron como juntas libertarias bajo la influencia de Francisco de Miranda. Incluso José de San Martín fue iniciado en esta célebre Logia Lautaro. “Desde Inglaterra se trajeron estas logias lautarinas hasta América del sur con la intención de sacar a los españoles de estas tierras”, relató el Gran Maestre. “Pasada la Revolución de Mayo y la Independencia (donde muchos masones integraron las juntas impulsoras), la Gran Logia de la Argentina, que aunaba varias logias más pequeñas, fue fundada en 1856, por José Roque Pérez. En algún momento desapareció y aparecieron otras obediencias, como en 1902, con el Gran Oriente del Rito Azul, fundada por sobrinos de Domingo Faustino Sarmiento, que en el siglo anterior fue Gran Maestre. También aparecen las logias italianas de la mano de los inmigrantes, casi todas de pensamientos anarquistas”, añadió.

Para 1930 había en Argentina varias organizaciones masónicas, como la Gran Logia del Rito Escocés, la Gran Logia Argentina o la Gran Logia de Santa Fe, “que fue muy poderosa pero lamentablemente la historia casi no la recuerda”, subrayó Calderón.

En 1956 se conforma finalmente la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, que actualmente funciona en el Palacio Callao, ubicado en la calle Perón, que es la que cuenta con mayor número de iniciados. Sin embargo, siguieron apareciendo grupos de trabajo, con otros ritos e ideales. Existen actualmente al menos siete Grandes Logias en la República Argentina.
Calderón, Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica de la Argentina, sostuvo que su obediencia no depende pero comulga con el Gran Oriente de Francia, fundadora de la llamada masonería ‘progresista’, que postula la corriente adogmática masónica laica, no exige la creencia en la inmortalidad del alma y acepta la igualdad de la mujer con el hombre, algo que la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones  nunca acepto. Estas logias fueron las primeras en ser mixtas.

Ya cubierto el aspecto histórico, finalmente cabe preguntarse qué hace, concretamente, un masón. “En el final del rito de iniciación masónico, alguien pregunta en qué trabajan los aprendices masones y la respuesta es ‘en desbastar la piedra bruta’ “, reveló el orador. “Siempre se habla de tallar la piedra bruta o pulirla. Gravísimo error. Ese concepto genera malos masones. Desbastar es sacar lo que sobra, lo grosero. En eso trabaja el aprendiz masón. No podemos pulir la piedra bruta, primero se desbasta, porque sino edificamos sobre el error. Una vez que el aprendiz masón ha desbastado su piedra, recién ahí puede pensar en tallarla, porque ya no es piedra bruta. Finalmente, al maestro le toca la fina tarea de pulir la piedra”, explicó Calderón, como metáfora de ser uno la piedra bruta y valerse de la masonería para perfeccionarse como persona.

“Para darle forma a una piedra, primero hay que sacar lo que sobra. Es como trabajar un diamante en bruto. Pero el fracaso más grande es cuando el maestro masón quiere pulir su piedra bruta. Y ocurre seguido y en todo el mundo. Los Soberanos Príncipes de lo Desconocido, con sus títulos rimbombantes y grandilocuentes, sacan brillo a sus piedras brutas. Son piedras brutas brillantes, pero ya es tarde, porque ya no se puede desbastar”, sostuvo el maestro masón, y cerró la charla con una invitación: “golpead a las puertas del templo, porque te abrirán”.

C1/CA

FUENTE: http://www.ciudad1.com/nota/mano-a-mano-con-un-mas%C3%B3n/6087